Rosario, Miércoles 13 Diciembre 2017
Lunes, 05 Diciembre 2016

Gestos frente al mar

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El presidente Macri reunió a su equipo de trabajo en Chapadmalal para marcar límites y exigir un mayor impulso en la gestión a fin de alcanzar resultados concretos. La molestia con Massa.

Mauricio Macri se dispuso este fin de semana a recuperar la gestualidad que él supone lo depositó en la presidencia de la Nación. La convocatoria a Mar del Plata de buena parte de su equipo sirvió para poner negro sobre blanco lo que cree el titular del Poder Ejecutivo y, con formas PRO, marcar cuáles son las banquinas a los dos lados de la ruta que él ha decidido trazar. Por derecha, le puso límites a la ortodoxia económica de su partido. Por izquierda, a los acuerdistas como Emilio Monzó o Federico Pinedo, que piden apertura del gobierno. Macri quiere gestos convencidos de optimismo y trabajo concreto en los resultados. Eso dijo.

Algunos de los que participaron del "retiro espiritual" de Chapadmalal dicen haber visto a un presidente con signos físicos notorios de haber ejercido el poder por casi un año y transitado las últimas dos peores semanas de gestión. Algo ronco, comentando de ciertos dolores en sus rodillas, Macri no se amparó en ese cansancio para marcarle la cancha a los suyos. "Les pido que defiendan la gestión y que pongan sexta para cumplir los objetivos que nos planteamos", les dijo a sus ministros. La que mejor resistió el reto fue Carolina Stanley, quien pudo exhibir el acuerdo con los sectores piqueteros que le garantizan un fin y comienzo de años con cierta tranquilidad. Otra vez las miradas críticas se centraron en el área de Producción, que debería mostrar una reactivación que no parió el segundo semestre ni vaticina lo propio para el 2017. Si alguno creía que Macri iba a dejar de ser dependiente de su jefe de Gabinete se equivocó. El espaldarazo a Marcos Peña fue ostensible. Es su hombre de mayor confianza.

Apenas comenzado el encuentro, el presidente supo de boca de su canciller que la OEA redoblaría el reclamo al gobierno por la detención de Milagro Sala. Comentan algunos de los asistentes que ese es un tema que perturba al jefe de Estado. Él está convencido que la salida de la Argentina debe ir de la mano de la recuperación del respeto de la comunidad internacional. La admonición de este organismo multilateral, a pesar de que venga de la mano de su secretario, muy cercano a las administraciones de Cristina Kirchner y Dilma Rousseff, por ejemplo, no es un buen signo.

Llama la atención que el macrismo no invoque a la República para contestar y se muestre enfadado como lo hizo Macri en la conferencia de prensa diciendo que en la Argentina la mayoría está convencida del prontuario delincuencial de Sala (eso no tiene la menor relevancia jurídica y es un modo peligroso de "justicia popular") y "esto hay que explicarlo al mundo". Un nuevo error diplomático. Se equivocan los kirchneristas (ahora con una epifanía de Estado de derecho y de debido proceso de la que carecieron por 12 años) cuando le exigen al presidente que libere a la mujer de la Tupac Amaru. Se equivoca el presidente con su respuesta. La división de poderes hace que un juez no deba recibir instrucciones del poder político y, mucho más, teniendo en cuenta que el federalismo hace que el juez sea de competencia provincial.

Está claro que en la actual coyuntura la contaminación política de la justicia es muy grave. No hay dudas que la anterior gestión debería pagar en los tribunales los latrocinios y actos de corrupción nunca vistos antes a la luz del Código Penal. Pero eso no amerita pequeñas venganzas personales de magistrados que supieron ser funcionales al poder de turno como el episodio inclasificable del pedido de huellas dactilares e informe socioambiental de Cristina Kirchner. Las huellas se hacen por formalismo para no dejar dudas de que se trata del imputado que se busca. ¿El juez Claudio Bonadío sospecha que su encartada tiene un doble? Además, el peligro de fuga que adujo el magistrado se cae con sólo saber que la Policía Federal, por mandato de ley, la custodió todo el tiempo. Es pintoresco aducir, al menos, necesidad de tener certeza sobre dónde se encuentra la imputada si se está todo el día al lado de unos cuantos uniformados del Estado.

En el encuentro hubo sí unidad respecto de la molestia que hay con Sergio Massa. La posibilidad de amplitud esbozada en estos días por Emilio Monzó sugiriendo abrirse a este dirigente o a otros peronistas como Florencio Randazzo, no tuvo cabida. Menos cuando Máximo Kirchner elogió al presidente de la Cámara de Diputados. El propio presidente insistió con su molestia amarga con Roberto Lavagna y dijo que no pensaba caer en el juego prelectoral planteado por el tigrense. Algunos intentaron señalar que los niveles de consumo y producción en caída no dejan demasiado margen para no reconocer errores. Marcos Peña siempre estuvo atento para responder con encuestas de Jaime Durán Barba, que no fue la estrella de Chapadmalal por pedido expreso del jefe de Estado.

Fue sugestivo el silencio del elenco gobernante sobre el tema de la ampliación del blanqueo a familiares de funcionarios en ejercicio. El ministro Rogelio Frigerio sabe que algunos aliados de la coalición refunfuñan en privado por la decisión. Elisa Carrió, de viaje en Miami, habría dicho que a su regreso se va a pronunciar de manera crítica. La decisión por decreto no admite matices. Es inadmisible que quien está hoy en el poder decida beneficiar a sus parientes más cercanos con el derecho a legalizar lo obtenido fuera de la ley. Es fácilmente atacable el argumento de que sólo podrán hacerlo por los negocios obtenidos hasta antes de que el funcionario haya asumido. Le basta al blanqueador argumentar que posee los bienes desde antes y no hay reparos.

Si Mauricio Macri quiere recomponer su gestualidad con el retiro de Chapadmalal debe atender las cuestiones como estas. Es muy chocante usar justificaciones para cobrar impuesto a las Ganancias, por ejemplo, a un trabajador soltero que percibe 22.000 pesos cuando se abre el sendero del perdón y el mirar para otro lado para los que escondieron su dinero negro en millones por años y años. El PRO argumenta que la frazada de los recursos es corta para cubrir todo el cuerpo de las necesidades. No hay dudas. Cambiemos ha recibido un país muy distante al del Estado de bienestar que se invocó por una década. Pero el cambio ético invocado en la campaña resulta demolido con decretos como el mencionado. Eso es un gesto oscuro muy ostensible. Y fácil de volver atrás.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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