Rosario, Martes 22 Agosto 2017
Lunes, 19 Diciembre 2016

El teorema de Lousteau

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Bajo la lupa. ¿Puede Cambiemos administrar el país como el PRO gestiona la ciudad de Buenos Aires? El ex ministro dice que no y dispara el análisis sobre el presente de la alianza gobernante

El PRO gobierna la ciudad de Buenos Aires con una lógica muy particular: es una superficie de 200 kilómetros cuadrados, tiene el quinto de la población de la provincia de Buenos Aires y el doble de presupuesto per cápita por habitante. No necesita de acuerdos políticos ni precisa de consensuar con los que no piensan como ellos. Con esa estrategia, sin embargo, no se puede gobernar un país como la Argentina".

El que así habla es el embajador argentino en los Estados Unidos, Martín Lousteau, quien intenta describir la crisis política desatada en estas últimas dos semanas de diciembre. El ex ministro de Economía fue el que casi le arrebata al partido de Mauricio Macri su distrito bautismal cuando por poco le gana las elecciones a Horacio Rodríguez Larreta e, indirectamente, uno de los que apoyó la candidatura de Mauricio Macri hace un año.

Cambiemos se encuentra sumido en un mar de enojo y confusión luego de que la Cámara de Diputados de la Nación le propinara una derrota ostensible al sancionar un proyecto de ley de impuesto a las ganancias con el aporte de legisladores de Sergio Massa, el kirchnerismo, el PJ escindido, el socialismo, el GEN de Margarita Stolbizer y otros partidos menores. El enojo es con Massa. La confusión, hacia adentro, para saber cómo reaccionar ante este traspié a horas del año electoral.

El ex intendente de Tigre rompió el silencio luego de la votación de Diputados. Elogió el diálogo convocado por el gobierno pero pidió una ley antes de fin de año. Le habrán llegado las encuestas que tanto lo apasionan (es fanático de los sondeos estadísticos y del minuto a minuto de rating en los programas a los que asiste en TV) que indican que no le ha resultado neutro en su imagen el aparecer al lado de Máximo Kirchner o Axel Kicillof. Es más: muchos de sus votantes manifiestan descontento. Sin embargo, a la par de la cuestión personal, todos los especialistas en interpretar el termómetro social aseguran que les molesta el incumplimiento de campaña del actual presidente que dijo que eliminaría el impuesto a las ganancias.

Del lado del PRO recurren a un argumento aritmético tan cierto como demasiado utilizado por los K: el gravamen a los sueldos es un tema que afecta a un dos o tres por ciento de la población. "Se magnifica por los medios el tema", asegura uno de los asesores que consulta a Jaime Durán Barba diariamente. La administración Macri debería tener en cuenta que a ese indiscutible dato cuantitativo debería agregársele el cualitativo de un momento económico crítico (caída de la producción, del consumo, aumento de la inflación y del temor a perder las fuentes de trabajo) que magnifica la negativa cerrada a discutir el tema. "Lo prometió en campaña. Que lo cumpla", dicen los encuestados.

Porque ya se dijo en esta columna: el error garrafal de Cambiemos es inocultable. Convocó a extraordinarias, envió un proyecto sin consenso y a la hora de negociar, pateó el tablero con enojo. El oportunismo de un sector de la oposición no se queda atrás. Por eso, se hacen más presentes las declaraciones de Lousteau que viene a reclamar que un gobierno en minoría legislativa y que no es peronista no puede darse el lujo de evitar los consensos. El joven economista está decidido a volver a la Argentina para jugar en la ciudad capital. Su primer intento se hizo en base a la coalición ECO que nucleó un arco multicolor de vertientes políticas. En sus días de visita al país se reunió con ellos y con el sector dialoguista del macrismo encabezado por Emilio Monzó. Todo un símbolo.

"El error garrafal del gobierno con Ganancias es inocultable: convocó a extraordinarias, mandó un proyecto sin consenso y después pateó el tablero"
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¿Cómo se sale de esta encerrona? El oficialismo está confiado por estas horas en un acuerdo legislativo que llevaría el mínimo no imponible a unos 35 mil pesos financiado con algunos tributos nuevos pero, esencialmente, con recortes a las provincias. Será por eso que los gobernadores intentaron disuadir a los legisladores de sus estados para que no acompañen la iniciativa massista. No hubo demasiado resultado.

Lo que viene

Hugo Moyano estuvo el miércoles pasado en la Casa Rosada y casi no se habló del impuesto a las ganancias con el presidente de la Nación. La situación de la empresa OCA fue el primero de los temas abordados y, luego, el destino de la AFA y el fútbol. Para entonces no se contaba con la decisión de la jueza María Servini, que convocó a elecciones en ese organismo antes de fin de año. Otra vez la magistrada acorrala con inteligencia a la burocracia del fútbol y coloca a los dirigentes en la disyuntiva de transparentar con comicios o chicanear con argucias burocráticas para demostrar que no quieren soltar esa asociación.

Sin embargo, el líder camionero le advirtió al presidente que se está gestando un malestar serio entre sus colegas sindicales. El paro de mañana de todo el transporte es la punta del iceberg de sectores gremiales que hasta ahora fueron negociadores con el gobierno pero que reclaman resultados. Juan Carlos Schmidt, de la Confederación del Transporte, es un moyanista puro. No hace falta explicar a Pablo, el hijo del presidente de Independiente. Los dos motorizaron la medida del paro. Macri le dijo a Moyano que un año es poco tiempo y volvió a apelar a su acompañamiento. El viejo dirigente sindical le dijo que, como con los perros, a los gobiernos no peronistas cada año se le cuentan como cinco o siete.

Allí hay un problema que el presidente no puede soslayar. Si la situación económica de las mayorías es mala o crítica, a eso le debe sumar el cristal de la intolerancia del PJ para con administraciones que no son propias. La propalación de ese malestar es de afloramiento rápido. Los más radicalizados en esta posición sostienen que hay que recordar que Marcelo T. de Alvear fue el último no peronista que cumplió con su mandato. Si se piensa en el nacimiento de 1945 del movimiento del general Perón, no hubo ninguna administración de signo no PJ a la que no se le complicara la gestión como marca la Constitución. El peronismo no entiende que la democracia es la alternancia.

Macri construyó su primer año de gobierno desde lo político con signos que lo mostraran bien lejos del fantasma de la Alianza de Fernando de la Rúa. Sin embargo, tropezó con el clásico apotegma que dice que la economía barre con toda abstracción política. Y allí las cosas no están nada bien. Ni el segundo semestre ni los brotes verdes están apareciendo como amortiguadores de una realidad demasiado cruda. Sumarle una torpeza como el desorden oficialista ante el proyecto de Ganancias en el congreso no es bueno. Habrá que corregir rápido. Y provocar señales claras en lo social que se traduzcan políticas basadas en hechos menos porteños, como explicó Lousteau.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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