Rosario, Sábado 24 Junio 2017
Lunes, 16 Enero 2017

Ingeniería y payada electoral

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Macri tiene un sostén en la sociedad que va más allá de la situación económica. Pero esa fotografía no dura para siempre. Desafíos electorales. Bonfatti y De la Sota, dos casos parecidos.

Empieza el tiempo político en que todos comienzan a hablar con todos. Toda acción u omisión premeditada de los gobiernos tiene una referencia común: las elecciones de mitad de mandato.

Hay una fotografía actual que es sorprendente respecto del nivel de aceptación personal de la gestión de Mauricio Macri. El 50 por ciento de adhesión que mantiene se parece como un calco a lo que cosechó en el ballottage del 22 de noviembre de 2015.

Buena parte de la geografía política opositora se pregunta por qué, si todos los índices económicos han ido para abajo, el presidente aún no ingresó en una zona pantanosa respecto de la imagen personal, sin tener en cuenta que Macri ganó las elecciones más por el deseo de la mayoría de terminar con el kirchnerismo que por una cuestión de crisis económica.

Lo dijo en algún rincón perdido del primer piso de la Casa Rosada el jefe de Gabinete, Marcos Peña: "Sin mejora de la economía tal vez no ganemos, pero no vamos a ganar sólo por la economía". El humor social que puso a Cambiemos en el gobierno estuvo más influenciado por el hartazgo con un estilo de hacer política que por otra cosa.

La idea de acompañar el cambio sí dejó un mensaje y un sello del que el macrismo no podrá apartarse a la hora de gobernar: se terminó el crédito social para aprovecharse del Estado para cometer delitos. Esa profunda transformación se dejó ver en el triunfo de Cambiemos en provincia de Buenos Aires, algo impensado hasta el mismo momento en que se produjo.

La candidatura de Aníbal Fernández representaba la continuidad de la ligazón entre política y negocios oscuros, y así lo entendieron, incluso, los curas de las parroquias bonaerenses, que incentivaron el voto a María Eugenia Vidal hasta en misa de once. Sin ese batacazo, no había Macri presidente.

Por ese anillo de influencias es que el gobierno tiene que dar respuestas enérgicas, claras y diferentes a las que ofrecieron los antecesores. La denuncia contra el titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Gustavo Arribas, es muy grave y no admite dilaciones. La Casa Rosada, tal vez, deba actuar como lo hizo con Juan José Gómez Centurión al frente de la Dirección General de Aduanas (DGA). A Gómez Centurión el presidente lo separó del cargo hasta que su situación se vio aclarada.

Los votantes de Cambiemos han soportado con estoicismo hasta acá los errores cometidos en política económica pero no sucedería lo propio si hay un intento desde el poder de proteger a funcionarios sospechados de actos de corrupción. Al fin, Macri no ganó por sus promesas económicas.

La ya mítica "creación de expectativas" con la que los encuestadores defienden sus trabajos tiene la ventaja del contexto político. Si lo que le dio sustento a la candidatura de Macri fue el hartazgo con el pasado, el mantenimiento en la escena política de los aparatos simbólicos del kirchnerismo se convierte en una jugosa razón de ser a la hora de confrontar proyectos. Macrismo vs kirchnerismo es el sueño del pibe para el PRO. Así lo dicen.

Pero, esos beneficios de la coyuntura, como decía un relator de fútbol, son por ahora. Y sólo por ahora. El gobierno para ilusionarse con otro mandato luego de 2019 y para mantener la gobernabilidad en lo inmediato necesita ganar las elecciones de octubre próximo.

Resulta por ahora un acertijo político dilucidar cómo será la estrategia oficial para lograr resultados positivos en las Cámaras en un año electoral, cuando Cambiamos tiene sólo el 34 por ciento de Diputados y el 22 por ciento del Senado. Aunque en los comicios próximos se imponga el oficialismo, de ningún modo podrá alcanzar mayoría. Macri es el primer presidente que habrá gobernado 4 años sin tener mayoría propia.

¿Cómo hará el presidente para mantener de aliados a gobernadores con los que deberá disputar electoralmente en octubre? La primera respuesta a esa pregunta llegó con la payada que Macri ensayó con Juan Schiaretti en el Festival de Jesús María.

Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe y Capital Federal son los primo cartello a la hora de revalidar títulos. Bien podría el presidente llevar adelante una payada similar con Miguel Lifschitz, aunque periódicamente haya funcionarios santafesinos criticando las acciones de la Casa Rosada.

En Córdoba, el cordobecismo tiene una realidad muy parecida a la del socialismo rosarino. Los dos mejores potenciales candidatos a diputado nacional (José Manuel De la Sota y Antonio Bonfatti) son crudos opositores a Macri, aun cuando los dos gobernadores (Schiaretti mucho más que Lifschitz) mantienen buena relación con el presidente.

En la ciudad de Buenos Aires el gran temor del oficialismo está concentrado en una posible candidatura de Martín Lousteau, quien estuvo a un tris de arrebatarle la Jefatura de Gobierno a Horacio Rodríguez Larreta.

Dicen los conocedores de los pasillos políticos porteños que Macri le dijo al embajador en EEUU que no tenía lugar en la interna de Cambiemos. Para competir con Lousteau, en el macrismo piensan en Elisa Carrió.

Se trata de un juego de doble pinza para evitar que Lilita se postule en provincia de Buenos Aires. ¿Por qué? El presidente no le va a regalar la chance a Carrió de ganar la madre de todas las batallas. Pero esto es política, nunca hay que escribir la crónica antes del final del partido. Y las listas se cerrarán cuando promedie junio.

Además de negociar batallas electorales de baja intensidad en las provincias que tienen gobernadores del PJ (17 sobre 24), el gobierno deberá contentar a los socios radicales a la hora de confeccionar las listas y negociar con los mandatarios peronistas que son las competencias comarcales de los de boina blanca.

Para que se entienda: la UCR mantiene el 87 por ciento de los municipios que corresponden a Cambiemos, el 41 por ciento de los diputados del Interbloque en Diputados y el 50 por ciento de los senadores oficialistas.

Más temprano que tarde, aquí, allá y en todas partes comenzará a elaborarse una gigantesca rosca preelectoral. El 2017 hace sonar las campanas de la política.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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