Rosario, Lunes 25 Septiembre 2017
Lunes, 10 Abril 2017

Equitación con la ley

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Días complejos. Esta semana fue muy demostrativa de cuánto se desprecia la norma y qué instalado está en el imaginario social lo poco que importa eso. Sobran los ejemplos.

La recordada abogada Carmen Argibay sostenía que en nuestro país la ley es, siempre, un obstáculo. "¿Y qué hace uno con los obstáculos? Los salta. O al menos trata de hacerlo", se respondía la ex ministra de la Corte Suprema de la Nación. "Hasta que no creemos una conciencia de que la ley es el vehículo menos malo conocido para facilitar la convivencia, estaremos complicados", completaba ella.

Podrían citarse cientos, miles de ejemplos que justifican lo que decía Argibay. Esta semana fue un rosario demostrativo de cuánto se desprecia la norma y qué instalado en el imaginario social está lo poco que eso importa. La política y, cómo no, los analistas de ella se trenzaron en una alquimia aritmética para saber si la plaza del 24 de Marzo, la de unos días antes convocada por la CGT o el #1A demostraban fortalezas o debilidades de un gobierno, de la oposición o de distintos grupos de presión y poder vernáculos. Poco importa que la ley sostenga, hasta hoy, que los gobiernos se eligen en comicios libres cada cuatro años y que las renovaciones parciales de los legisladores cada dos es el test democrático para saber de aprobaciones o rechazos a los gobiernos.

Resulta que si sumo 200.000 o 300.000 personas en una plaza de la Capital Federal determino de manera inapelable el rumbo de la política. Poco importan los 25.000.000 de votos que 2015 dirimieron quién era poder y quién oposición. La plaza se pretende más determinante qué cualquier elección. Y no se habla sólo de ese grupito de fanáticos que cree que un grito en la pirámide de mayo vale tanto o más que un voto en una urna, talibanes de las ideologías paridas por el kirchnerismo pasado pero adoptada por defensores de Cambiemos. Ponderar con valor de transformación el "vamos a volver" o el "no vuelven más" es de un primitivismo social irracional. Pero funciona. Saltemos la norma. Por las dudas, hay que aclarar (en los tiempos de la grieta del Isis mental que supimos conseguir, para opinar, en todo hay que aclarar) que el derecho a la protesta, al reclamo, a la manifestación, son tan republicanos como otros. Pero ellos no distribuyen cargos ni conceden facultades.

La regla electoral que garantiza la alternancia política es, se ha instalado, de forma y de poca monta. De paso: ¿no sería hora de pensar en un sistema electoral que vuelva a los seis (o cinco) años de período presidencial sin chances de repetir inmediatamente, con elecciones intermedias cada tres años que garanticen que por dos años el que gana se dedica a gobernar y no a hacer campaña política? Tal cual pusimos en funcionamiento en la Constitución de 1994, el gobierno que asume el 10 de diciembre de un año gobierna, con suerte, hasta el diciembre siguiente. Luego arranca la campaña y el dibujo de un proyecto del deber ser se transforma en hagamos lo que sea por ganar los comicios.

Se mencionaba recién el derecho a la protesta. Otro palmario ejemplo del salto a la norma. El paro de la CGT, único órgano con derecho legal y gremial para convocar a un paro general, decidió una jornada sin actividad ninguna. Proponer como hace el gobierno una hipótesis basada en el qué habría pasado con la adhesión si el transporte hubiese funcionado es una disquisición justa pero, en estas pampas, extraterrestre. Un sindicalista que se sienta en el sillón de representación de los taxistas dijo que había que destrozar los autos de alquiler que circularan y sus colegas gremialistas se negaron a condenarlo. Ya se sabe que no hay delito por solidaridad pero si hay vergüenza ajena por la ausencia de límites o de escrúpulos aun frente a colegas o amigos. Como si fuera poco, Omar Viviani , que es de quien se trata, arruga ante la Justicia y luego de amenazar con golpes y disciplinamiento piromaníaco a los que no acatasen el paro, se presenta como una blanca palomita y pide probation y trabajo comunitario en una parroquia.

Volvamos al paro y la protesta. La CGT dice paro sin movilización ni cortes. Y un conjunto de organizaciones movilizan, cortan calles y rutas. ¿Está claro que eso es un modo de saltar la ley? El gobierno nacional decide despejar algunas autopistas (siempre las cercanas a la Capital Federal, que son las que más se ven por tele) y a base de agua de camiones hidrantes, escudos para repeler agresiones y avance físico sobre el obstáculo lo consigue. El debate en nuestro país es si eso no es represión y si no se coarta la libertad de expresión. Sí, claro que es represión, como la que se viene haciendo desde el Código de Hamurabi que prevé que quien quebranta una norma es reprimido con una sanción.

El código penal, aquí, en Cuba y en Zimbawe es un modo de reprimir acciones libres que agreden ilegítimamente a personas u objetos ajenos. El problema no es si un gendarme desaloja la Panamericana. El origen del conflicto es cortar una ruta (delito) no convocado por quien tiene derecho a lanzar una huelga general. Entonces, frente al delito flagrante el "bien pensar cool" instalado propone saltar la ley (¡es delito!) y permitir que se consume so pretexto de que así me manifiesto o, peor, invocar un modo "humano" de desalojo que bien podría ser el coro Kennedy con uniforme de gendarmes cantando el "guachito, toritó" para que los señores encapuchados, con palas y bulones con hondas, dejen transitar al resto de la humanidad.

Las mayorías argentinas están pasando un mal momento económico. Debería haber consenso en esto con sólo tomar las cifras del Indec recuperado según la ponderación oficial y ninguneado y destrozado por 10 años por el oficialismo que ahora lo lee como la Biblia. Hay falta de empleo, hay pérdida notoria de la capacidad salarial, hay industrias que cierran sin miras de reconversiones, hay más pobreza e indigencia. La lista podría ser eterna. Pero el modo de combatir este estrepitoso fracaso de las clases dirigentes que han tenido el poder desde hace 40 años debe ser apegarse a la ley, respetar el derecho a gobernar y a ser escuchados como oposición, pero erradicar ese disparatado lema que muchos enuncian entre sonrisas de que si no es el peronismo, nadie gobierna este país.

A los hombres y mujeres del PJ hay que señalarles que pensar así es propio de un concepto fascista y antidemocrático. Y a los que no lo son, por ejemplo la actual coalición gobernante, valdría la pena señalarles que la defensa de la alternancia no alcanza para hacer un buen gobierno. Hay que hacerlo para todos, con velocidad y certeza de que negar la realidad de la crisis sólo alimenta el fantasma de los supuestos paraísos perdidos.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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