Rosario, Jueves 29 Junio 2017
Lunes, 29 Mayo 2017

La espiada

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La denuncia de Lilita. Carrió dijo que es perseguida por la Secretaría de Inteligencia y golpeó así nada menos que al presidente de la Nación. ¿Se prepara a quebrar la alianza gobernante?

"Hay que quedarse tranquilos. Ella siempre que rompió lo hizo en una fuerza que estaba derrotada. Ahora Lilita le tomó el gusto a ganar. No se va a ir". El que afirma esto en estricto off es uno de los amigos de la vida de Mauricio Macri, devenido hoy en secretario de Estado. Sucede que en la Casa Rosada el personaje más mentado por los pasillos es Elisa Carrió y todos tienen una interpretación sobre sus reacciones por estos días. ¿Rompe? ¿Quiebra la alianza gobernante? ¿Se lanza a la guerra contra el presidente? ¿Pega para ganar espacio en las listas o en sus decisiones? Todo eso se especula. "Ella se fue del radicalismo cuando De la Rúa iba a colapsar. En el ARI se cansó de perder. Cuando estuvo con Margarita cosechó votos institucionales pero sin aspiración de ejercicio de poder real. Ahora es distinto: Cambiemos la hizo gobierno y eso le gusta", completó el mismo funcionario.

La diputada chaqueña devenida legisladora de los porteños arremetió esta semana con dureza y hacia el corazón del macrismo. Su denuncia de que es espiada y perseguida por la Secretaría de Inteligencia tiene tanta o más consecuencia institucional que haberse metido con el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti. Apuntar a la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), a pesar de la pirueta frágil para dejar afuera al íntimo amigo del presidente Gustavo Arribas, es poner la mira en Macri. "No tengas dudas. Mauricio se da perfecta cuenta de la gravedad de lo que hizo Lilita. Es la primera vez que lo veo tan molesto con ella", dice un ministro del gabinete que, asegura también, prefiere que la diputada ni se acuerde de su nombre.

Silvia Majdalani, la número dos de los espías, sindicada por Carrió como la dueña de una Side paralela que monitorea ilegalmente a muchos y a ella en particular, depende formal y materialmente del presidente de la Nación. Macri la nombró luego de escuchar consejos de Federico Pinedo y Gabriela Michetti, entre otros. Le mostraron pergaminos de especializaciones en la materia y le recordaron su habilidad política cuando fue diputada. Su círculo rojo (porque Macri lo tiene y es tan intransigente como cualquier otro que haya rodeado a un presidente) la aprobó. No fue la titular de la AFI porque Macri quiso traer de Brasil a su íntimo amigo Arribas. El presidente es un desconfiado hasta el paroxismo. Sólo descansa (un poco) en sus amigos, su familia por adopción.

El hombre que sucedió a Oscar Parrilli disfrutaba de trabajar de representante de jugadores del deporte que más aman estos amigos. Ya había rechazado la propuesta del líder de Cambiemos para sumarse al gobierno de la ciudad cuando lo comandaba el hoy presidente. Cuenta la anécdota que en una cena compartida en el departamento de avenida del Libertador frente a plaza Alemania, que el presidente le alquila hoy a Arribas, Macri, Juliana Awada, el manager futbolístico y su esposa brasileña fueron testigos de la promesa del amigo: "Si sos presidente me vuelvo a Argentina con mi mujer y mi hijita paulista". Los visitantes creyeron que ese sueño era imposible. Cuando el hijo de una de las familias más poderosas del país se quedó con el bastón de mando, Arribas recibió la propuesta: "Yo esperaba que me encargara el Fútbol para Todos. Sé del tema. Conozco a todo el mundo y a todos los actores del negocio", le contó a un íntimo. "Pero ahí me tiró por la cabeza lo de los espías". Silvia Majdalani tiene, en saldo final de altos y bajos, una muy buena relación con Arribas. "Pegarle a ella es pegarle a él y, por ende, a Mauricio", explica el secretario consultado.

¿De verdad Lilita cree que el presidente sostiene una estructura y habilita a que la persigan y controlen? "Sin dudas. Cree tanto en eso como en Dios mismo", grafica una de las nuevas colaboradoras estrellas de la diputada.

Nadie, más o menos avisado, puede desconocer que los espías argentinos se han perfeccionado en meterse entre las sábanas y en los tachos de basura de los dirigentes políticos y personajes de relevancia pública de Argentina. El talento y sofisticación para "carpetear" con cuestiones íntimas al eventual opositor es directamente proporcional a la ineficacia para prevenir cuestiones de terrorismo o específicas de esa actividad. La AFI conoce al dedillo los amantes y agachadas de todos. Pero le volaron la Amia y la embajada en las narices sin que lo advirtieran, reza la ley no escrita que se comenta en los pasillos del poder.

Claro que Carrió está monitoreada en contravención flagrante de la ley. Ella también lo sabe gracias a sus múltiples charlas con agentes orgánicos e inorgánicos de esa institución de la que recibió mucha data. Y ahí, un problema: ¿puede denunciar la diputada algo que ella misma conoce y le ha servido para valiosísimas denuncias que ha hecho en contra de la corrupción a lo largo del tiempo?

Los espías y su trabajo ilegal se funden en una analogía con la cocaína. Los adictos que no quieren reconocerlo dicen que la manejan. Que entran y salen cuando quieren. Que son conscientes de su daño pero que ellos lo neutralizan. Y ya se sabe que esto es imposible. En muchos casos, la rehabilitación no los salva. Vale tanto para los espías y para la droga.

Carrió le pone un aditamento a esto (y a casi todo) que la hace pendular en una cornisa peligrosa. "A Lilita hay que creerle como un acto de fe". Su modo de ejercer la política es cuasi religioso y, discutir un argumento de ella es de una herejía como cuestionar la Santísima Trinidad. Hay miles de ejemplos al respecto. A Eduardo Duhalde lo acusó públicamente de ser un narcotraficante. Cuando el ex presidente la enjuició, ella se retractó ante el juez y le pidió disculpas. El socialismo de Santa Fe pasó de ser, en un par de meses, la plaga de Egipto, el padre de su compañero de fórmula presidencial y, hoy, Belcebú. Cuando el actual primer magistrado fue acusado de tener una off shore en Panamá, Macri recurrió al altar de Carrió y le exhibió documentación. La diputada dijo: "Los vi y corroboré todo. Le creo al presidente".

En una república los actos de fe se reservan sólo a Dios y a la conciencia de cada uno. La responsabilidad de los actos de gobierno se analiza en los poderes que lo controlan y representan a la sociedad. El Congreso no tiene padrenuestro y la Justicia reclama pruebas concretas y no meras promesas divinas. Si una diputada sabe que es espiada ilegalmente no puede resolver el caso pidiendo que se le crea sin más, aun cuando resulte evidente. Debe ir a los Tribunales y plantear su denuncia penal y cumplir, de paso, con lo que manda el Código Penal. Que, recordemos, también la alcanza.

Tengo una admiración especial por la formación intelectual de Carrió. Es casi única en la escena nacional. Le valoro que haya usado su incuestionable capacidad de trabajo y de pedagogía para hacer masivas cuestiones como la necesidad de salvar con un contrato moral el sistema republicano cuando muchos miraban para otro lado. Sin embargo, creo que resolver un hecho que atropella la ley de los hombres necesita de soluciones terrenales y no sobrenaturales. No son necesarios políticos admirables pero que se sientan mesías paganos. Eso pasa en las teocracias.

Hay que preguntarse: ¿la denuncia de Carrió se investigó, se probó, se condenó? Es verdad que en una semana en la que hubo que soportar ver a una ex presidenta explicando la realidad, muy suelta de cuerpo y sin ponerse colorada, con un autoatribuido beneficio de inventario, como si nunca hubiese ejercido el poder que dejó un tercio de pobres, una inflación galopante y una cuasi autocracia, tener un acto de confianza a Carrió podría verse como una vacuna eficiente para inmunizarnos ante la hipocresía. Sin embargo, comerse al caníbal no sirve.

Sería bueno recordarle a la fundadora de Cambiemos que los gestos intempestivos de ira o de amor sin más prueba que lo que dice una persona, aquellos que no admiten cuestionamiento, se acercan peligrosamente a un cuadro emocional más que a una construcción en serio de la ley en contra de la corrupción.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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