Rosario, Viernes 24 Noviembre 2017
Lunes, 03 Julio 2017

Nos molesta la ley

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Elecciones 2017. Esta semana se escuchó un extraño coro de voces que proponen eliminar las elecciones primarias que incluyó a la propia jueza María Romilda Servini, la encargada de velar por su legalidad.

Las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias del 13 de agosto han sido condenadas al fracaso. La clase dirigente con relevancia y ahora la justicia electoral las han pervertido sin chances de apelación. La jueza María Romilda Servini dijo que hay que suspender las Paso por "costosa y trabajosa". A ver si queda claro: la magistrada que debe decidir si está bien penar a un ciudadano que no va a votar le está diciendo a ese mismo argentino que la sanción que ella puede discernir cabría en un hecho que no vale la pena. Bienvenidos al disparate del desprecio de la norma en la República Argentina.

Marcos Peña, Horacio Rodríguez Larreta, ciertos sectores de la izquierda y del progresismo, Margarita Stolbizer y muchos más se cansaron de repetir en los últimos diez días que las elecciones primarias no tienen sentido. El jefe de Gabinete dijo que "hay que suspenderlas" para la próxima. Raro: todos los mencionados fueron por sí o por medio de sus partidos los que alzaron las manos en el congreso hace menos de ocho años para sancionar estar ley explicándonos en una larga sesión que era el modo de "democratizar" la vida interna de los partidos. Ahora, justo en el medio de una convocatoria a elecciones, se dan cuenta de que no sirve. Semejante epifanía jurídica ha de darse por desprecio clásico que tenemos en nuestra Nación respecto del cumplimiento de la ley o por un argumento de bajo precio de campaña.

El paroxismo de lo inesperado en esta materia se lo llevó la jueza María Romilda Servini (de pronunciamientos encomiables a lo largo de su historia), quien merced a una delegación especial es la magistrada con competencia electoral en la Capital Federal. Es, en suma, la autoridad suprema a la hora de velar por la legalidad de los comicios. La que debe querer que se realicen y se hagan bien. Pues bien: ella dice que son costosa de realizar, caras, y que deberían ser suspendidas.

El argumento del "precio" de las elecciones es muy peligroso. Es someter todo al criterio de la utilidad y mercantilizar el propio sistema republicano de representación. ¿Vale la pena que hagamos la cuenta del valor de sueldos (que no pagan impuestos a las ganancias, de paso) de los jueces y de la mora en sus sentencias? ¿Cuánto nos "cuesta" el funcionamiento de las dos cámaras del congreso que, con suerte, este año se reunirán en sesiones ordinarias media docena de veces? Si los dirigentes mencionados se escandalizan con los dos mil y pico de millones de pesos que se erogarán en las Paso, ¿tendrán algo para decir sobre el presupuesto que ellos mismos se votan e incluye perlitas como los mil millones anuales que cuesta sólo la biblioteca del congreso? ¿Pueden explicar cuánto se gasta con el aval de sus votos en sostener la banda sinfónica del congreso? Sí. El paréntesis aclaratorio es imprescindible. En el congreso hay una banda. De músicos. Es la orquesta estable de cámara dirigida por el maestro Sebastiano de Filippi. Punto.

Las elecciones tienen un costo operativo que hay que analizar. No hay dudas. Pero ese es un criterio secundario a la hora de discutir el tema. Empecemos por recordar su origen. Las primarias vinieron a intentar torpedear la mafia y camarilla de los partidos que resolvían de espaldas a los electores quiénes, nada menos, iban a gobernar un país desde la concejalía más humilde a la presidencia de la Nación. ¿No funcionó? Es posible. ¿Hay que dinamitar todo y volver al pasado del dedo oscuro de un par de vivos partidarios? Claro que no. Lo impactante es que para los sistemas jurídicos argentinos que intentan abrir la política haya una paciencia tan corta. Ocho años para una ley es la nada.

A esta altura vale repasar por qué no hay internas en los partidos mayoritarios. Esencialmente porque sus dirigentes las impidieron. ¿Por qué Cristina Fernández no da internas en el PJ? Porque someterse a la ley que ella misma proclamó en sus eternas cadenas nacionales es menospreciarla. ¿Por qué no hay internas en Cambiemos? Porque Mauricio Macri, Elisa Carrió y un puñado más se han sentado en la silla que, ex cátedra, se autodenomina infalible. Y así, hasta el hartazgo. Que le pregunten si no a Jorge Boasso en la provincia de Santa Fe, que aspira (aspiraba) a ser diputado nacional.

La desubicada (en tiempo y forma) reacción de las cúspides del poder —jefe de Gabinete, líder de la oposición, juez electoral— contra las Paso representa algo más que la anomia en el uso de consideraciones de campaña. Es otro ejemplo más del bastardeo de las normas que se ha hecho costumbre en Argentina. La falta de escrúpulos en cierta clase de dirigentes no necesita de ser demostrada. Que el ex vicegobernador de la provincia de Buenos Aires Gabriel Mariotto haya tuiteado la foto de un jubilado que se suicidó en la sede de la Ansés en Mar del Plata diciendo que esa muerte era producto de un gobierno que hambrea a la clase pasiva va a ser difícil de empardar en el rosario de la vergüenza. El anciano de 91 años que cobraba casi 40 mil pesos de haber se inscribió en el insondable mundo de una decisión que ni la siquiatría se anima a explicar. Ante una muerte así, la gente de bien se calla la boca.

La ley, se ha dicho hasta el cansancio en estas crónicas, es percibida como una obstáculo en nuestro país que merece, siempre, ser saltado. Desde el control de alcoholemia o el uso del casco en las motos para los que se fabrican excusas insólitas que invocarían la libertad constitucional, a los efectos de no ser respetados hasta la normativa más suprema que se atropella con declaraciones de emergencias eternas o decretos de necesidad y urgencia.

Nos molesta la ley. Siempre somos superiores para encontrar una excusa que pretenda inventar la excepción. Cortar una calle o una ruta porque sí, a cualquier hora y en cualquier circunstancia, es una infracción normativa. La ley que manda desalojar el corte no debe cumplirse porque "reprime" un derecho más alto que la norma. Un disparate.

Si la ley de primarias abiertas y simultáneas es mala, analicémosla para sostener el derecho de todos a discutir a nuestros candidatos. Pero hagámoslo fuera del calendario electoral. Ahora hay una ley que cumplir. No volvamos a la viejas prácticas de camarillas de comité o unidades básica. Y, por fin, recordemos que el día de las votaciones hay que ir. No sólo porque es obligatorio sino porque quizá sea un modo de premiar a los que sí se abren a la discusión interna y castigar a los que juegan a la apertura democrática en sus palabras y se cierran en los hechos entre las cuatro cómodas paredes del acuerdo de poderosos.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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