Rosario, Miércoles 13 Diciembre 2017
Lunes, 25 Septiembre 2017

El gran bonete

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La coartada. No hay ninguna duda de que el juez Otranto quiso escaparse de la causa Maldonado. Hasta el más ingenuo se da cuenta de que sus declaraciones públicas fueron para pedir a gritos que lo recusaran por prejuzgamiento.

Si algo le faltaba a la causa de Santiago Maldonado era que el juez se escapara de la investigación. Porque entendámoslo sin vueltas: el doctor Guido Otranto decidió huir del proceso que debe determinar qué pasó con el artesano recurriendo a una entrevista periodística como coartada de fuga. Habló con un periodista, no para cumplir con su deber republicano de dar cuentas de sus actos sino para escapar sin ponerse colorado de sus obligaciones.

"La hipótesis más razonable es que Maldonado se ahogó", le dijo el juez al diario La Nación. Una criatura de 4 años se da cuenta que sus dichos fueron para pedir a gritos que lo recusaran por prejuzgamiento. Una persona con una mínima dosis de sensibilidad se horrorizaría al pensar que un magistrado pueda usar cualquier recurso sin pensar en la familia del desaparecido para zafar por tirante. El juez Otranto jamás le avisó antes a la madre, el padre o la esposa del joven que pensaba esto. Los que esperan que vuelva, se enteraron por los diarios de esta hipótesis.

Si es cierto y evidente que el caso está siendo utilizado sin escrúpulos por la política no lo es menos que no debería ser posible que volvamos a asistir al renunciamiento de uno de los poderes del Estado sin que pase nada. Patricia Bullrich fue, al menos, torpe en su posicionamiento inicial respecto de la intervención de la Gendarmería en tierra mapuche y encubriendo de vaya saberse qué a su jefe de gabinete Nocetti. El kirchnerismo descubrió el secreto que debería poner al servicio de la ciencia para no ponerse colorado reclamando lo que no hizo en 12 años de gestión. Ahora tuvieron la epifanía de jueces independientes, investigaciones claras luego de haber defendido a Norberto Oyarbide. Todo eso es verdad. Pero que no haya el menor atisbo de reclamar responsabilidad a una fiscal que representa a toda la sociedad y al juez que representa el combate contra la impunidad por lo ocurrido con Maldonado es inexplicable.

La magistratura argentina (y perdón la generalización) sigue aprovechándose de una especie de privilegio monárquico que implica no dar explicaciones de su actuación y no tener sanciones ejerciendo el "tiempismo" político. Los jueces y funcionarios de ese poder, en su mayoría, sigue creyendo que tiene derecho a hablar por sus sentencias que, de paso, las escriben para que no las entienda la mayoría (y a veces, ni ellos). Y creen, no sin razón, que oler los cambios políticos es un artículo no escrito del código procesal que les permite acelerar o detener causas. ¿Puede seguir esto así? ¿Alguien puede recordarle a esa (gran) porción de señores que son apenas servidores públicos y no sangre azul de la República?

La velocidad de la Asociación de Jueces para condenar el repudiable hecho de la toma del juzgado de Esquel choca de frente con la ausencia de reacción frente a sus colegas incompetentes. Un juez federal que despacha justicia en Comodoro Py le dijo esta semana a este cronista: "¿Qué querés que hagamos? El Consejo de la Magistratura tiene paralizado los nombramientos y estamos todos subrogando a todos. No nos dan fondos ni para empleados. Trabajamos con recursos de 1810". En ese caso, parcialmente cierto, quedan dos opciones: O se denuncia con todas las letras y se propone una solución extraordinaria ante un hecho extraordinario o se asume la complicidad silenciosa aceptando un sistema hasta que, tarde, los perjudique. Pero esperar hasta un caso Maldonado para reaccionar, es vergonzoso.

Maldonado es apenas un ejemplo. Detrás de escandalosos errores u omisiones dolosas en causas sonadas como la muerte del hijo del ex presidente Carlos Menem (hace dos meses volvieron con el ADN de su cuerpo), la muerte de Natalia Fraticelli o de María Soledad Morales, lo ocurrido hoy con Alberto Nisman, se esconden decenas de miles de hecho sin notoriedad pública que implican la consagración de un sistema que no funciona. ¿Va a quedar así como así que el juez federal de Esquel con la causa de mayor estrépito social pone pies en polvorosa prejuzgando para rajarse? ¿Nadie cree que ese señor si es capaz de hacer eso con una causa semejante es hábil para lo que se le ocurra con el resto de los mortales? ¿Alguien está dispuesto a ver qué análisis sancionatorio merece una fiscal que tardó 45 días en pedir pericias? Acá no ha pasado nada, se huele. Salvo que no se sabe qué fue de Santiago Maldonado.

La muerte de Nisman

La muerte del fiscal federal de la Amia ya puede empezar a leerse desde la perspectiva del magnicidio. Sandra Arroyo Salgado, su ex esposa, sintió un alivio cuando supo que el viernes al mediodía sus letrados habían recibido la pericia de Gendarmería que habla de homicidio perpetrado por al menos dos personas que doparon y mataron al abogado y acomodaron la escena borrando huellas y fraguando posiciones de muebles y objetos. "Estuve concentrándome fundamentalmente en contener a mis hijas en una semana que ellas, a pesar de todo, celebrarán con la familia de su papá por el Nuevo Año judío", le dijo la magistrada a este cronista declinando todo comentario sobre lo ocurrido.

La pregunta se impone otra vez: ¿Cuánto de credibilidad pública podrán ejercer estos estudios a más de 2 años de la muerte cuando antes se dijo exactamente lo contrario? ¿Alguien será responsable por lo falseado entonces o ahora? En cualquier caso, en anticipo del resultado de la investigación a la que se ha accedido es impactante. Un diputado del PRO no resistió y aseguró que el sicario fue un hombre de la ex Side. En cuanto trasciendan los nombres de los entrecruzamientos telefónicos pre y post-mortem de Nisman a más de uno se le erizará la piel.

Todo apunta a la justicia. Si se camina por el cuarto piso del edificio porteño de tribunales de calle Talcahuano se observará un clima distinto en la Corte Suprema. El silencio sepulcral de esos bellos pasillos, rodeado de magníficos columnas y adornos, hace juego con la posición monolítica de los cinco jueces que, ahora sí, han aunado posiciones. Las rencillas de los supremos que se veían cuando llegaron los doctores Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz se terminaron. "La Corte no tiene nada que ver en estas causas. Nosotros no investigamos. No tenemos nada que ver con los magistrados de primera instancia salvo que nos lleguen sus fallos por apelación. Pero en rigor de verdad, en ninguna parte del mundo los jueces investigan casos como el de Maldonado. ¿Usted sabe quién es el juez que investiga en Barcelona al que atropelló a la gente en las Ramblas? Ahí está la policía, el gobierno y los cuerpos especiales. Es ridículo echarle la culpa al juez por lo que pasa", le dijo uno de los cinco supremos a este cronista que se fue repitiendo de memoria aquello del yo señor, no señor. El gran bonete.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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