Rosario, Viernes 19 Enero 2018
Lunes, 18 Diciembre 2017

Entre las piedras y las balas

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El oficialismo quiere llevarse todo por delante después de las elecciones; el kirchnerismo no soporta la derrota.

Diciembre volvió a mostrar el péndulo de la Argentina que oscila entre el patoterismo antidemocrático de un sector de la oposición y la soberbia y la torpeza del oficialismo. Pueden caber diversos análisis de lo vivido con motivo de la reforma previsional, pero debería esencialmente señalarse a la dirigencia con responsabilidad de poder que el escenario de tristeza, desazón y angustia provocado para la mayoría es imperdonable. Para todo hay encuestas. Sin embargo, para el desasosiego generalizado que embargó a los que no están fanatizados con el gobierno o en su contra, no hay medida. Por su enorme impacto.

El oficialismo quiso llevarse todo por delante después de las elecciones. El kirchnerismo volvió a mostrar que no soporta haber perdido las elecciones y que su ira es violenta. Los de siempre, fueron funcionales a unos y a otros. La mayoría, jubilados que cobran 7.000 pesos (dice 7.000 pesos) y los que esperan tener un horizonte razonable para proyectar sus ideas, estupefactos. Porque esto es lo que se espera de la política para los que no vivimos en el frasco de la disputa del poder por el poder. La política debe trazar condiciones esenciales para que los ciudadanos puedan tener la expectativa de futuro. No debe garantizarse el futuro. Apenas, marcar la cancha con césped fértil para que cada uno pueda, desde una base elemental, pensar en su futuro. La política es crear futuro. Lo de esta semana fue recrear el peor pasado.

En los tiempos en donde intentar argumentar sin prejuicios es visto como tibieza, otro de los disparates conseguidos a fuerza de tanta idiota grieta, vale la pena señalar algunas responsabilidades. Porque no es lo mismo, hoy, antes y siempre, ejercer el poder que aspirar a ejercerlo. El que tiene el poder, marca el tono de su desarrollo y disputa. Es, para decirlo bíblicamente, el de mayores talentos.

El mini círculo rojo de Mauricio Macri le aconsejó ir a fondo y de manera urgente en materia previsional. Su jefe de Gabinete, el ministro más poderoso que se recuerde desde el advenimiento de la democracia, y sus ojos y oídos Quintana y Lopetegui, entendieron que el impulso de las elecciones del 22 de octubre y la desesperación de los gobernadores daban plafond para provocar el ahorro imprescindible que morigerase el déficit fiscal. Porque entendámoslo de una buena vez: no hay aquí discusión que atienda a los jubilados. Ni el oficialismo está preocupado por la fórmula provisional ni el kirchnerismo y sus adlátares por los haberes de los abuelos. Se trata, en un caso, de achicar el rojo de deuda que para el año que viene es insostenible y, por el otro, de usar cualquier discurso, incluso contradictorio con lo dicho hasta hace dos años, para dañar a Macri y, ¿acortarle su estadía en el poder? Afortunadamente son pocos los que creen esto. Pero los hay.

El presidente de la Cámara de Diputados Emilio Monzó fue informado que el jueves pasado tendría 139 o 140 legisladores sentados para levantar la mano a favor de la reforma que ya había sorteado la Cámara de Senadores sin estridencias, salvo el discurso increíble de Miguel Angel Pichetto que se horrorizaba hace unos meses del recorte del 13 por ciento de De la Rúa y ahora votó con "ingrata tarea" comerse el sapo de esta poda previsional. ¿Los gobernadores incumplieron? Los gobernadores hicieron lo que mejor saben hacer. Acompañar a sus aliados eventuales hasta la puerta del cementerio pero no entraron.

A la par de esto, Patricia Bullrich montó un operativo de seguridad más propio de una guerra que de un sistema democrático que debe meter presos con la fuerza de la persuasión y de la detención a los enajenados que van a romper e incendiar lo que sea. La ministra de Seguridad, con muy buen diálogo con la embajada de Estados Unidos, tiene seducido al presidente a la hora de exagerar la prevención para evitar cualquier tipo de cura. A este hecho que sensibiliza un diciembre argentino se sumó la sucesión de torpezas y soberbias iniciadas por el titular del Ansés que aseguró que los jubilados fineses cobran menos que los argentinos y continuadas por el diputado PRO que formuló el teorema de el que gana menos plata tiene más poder adquisitivo, una especie de dos más dos me da con decimales. Elisa Carrió terminó de dinamitar la idea del gobierno de que la reforma no era mala para los jubilados al cortarse sola y decir que habría compensación para ellos. No se compensa si no se pierde.

Carrió es un caso aparte. Mientras Rogelio Frigerio hablaba con algunos gobernadores para convencerlos que enviaran a sus diputados al recinto, ella le dio por clausurada la sesión. Emilio Monzó no podía ocultar su bronca y un sector del gobierno tampoco. El tuit de la chaqueña anticipando su oposición al DNU pensado por el gobierno abroqueló a los dirigentes de Cambiemos escuchándose a alguno de los que llegan al oído presidencial decirle que era hora de un divorcio. Carrió y Macri estuvieron, sin metáfora, a punto de romper. La actitud de ella lucía también como otro modo de acompañamiento sin entrar al sector funerario.

Que el gobierno piense en un decreto de necesidad y urgencia si no prospera la sesión de mañana, muestra dos cosas. Como dijo Beatriz Sarlo, Mauricio Macri no tiene una convicción acendrada de lo que es una República. Ya lo demostró, dice la pensadora, con los nombramientos en la Corte o con la derogación de leyes por decreto. El DNU es un disparate monumental, aparte de inconstitucional. Lo otro, es que sigue rigiendo en el gobierno la idea de que la carta de las elecciones ganadas es las baraja suprema que mata cualquier otra jugada y que no usarla es debilidad extrema. No poder explicar el proyecto (es un recorte: ¿y si probaban con decir la verdad y esperar la aprobación sacrificial de los involucrados? La verdad no paga en la política), justificarlo de manera horrible, bajar a una sesión sin número y amenazar con un DNU no es visto como debilidad extrema. Raro.

Mañana habría número. Diez diputados del NOA y NEA estarían garantizados. La persuasión del Ejecutivo se formuló así: "No sale el proyecto y les recortamos a ustedes los giros provinciales", les dijeron. "Es esto o nada. Explota", le dijo un ministro a un gobernador que viajó de emergencia a Buenos Aires. Palabras más, palabras menos, que lo expresado por Macri en un reportaje cuando dijo que el ajuste era la base de la continuación de la tranquilidad.

Federico Sturzenegger fue uno de los más inquietos por todo esto. Sabe que su emisión de Lebac está atada a la confianza ciudadana. Recortarle a los jubilados es la sustentación de su plan. El peronismo dogmático olió otra vez sangre. Sin escrúpulos, fogoneó el desastre. Sin vergüenza.

El proyecto de ley es una decisión ideológica de tomar fondos provisionales para sostener este modelo económico. ¿Hay otras alternativas? Sí. Supondría afectar otros intereses en los que el gobierno no cree o a los que prefiere defender. Aparte de ganar elecciones hay que hacer política y respetar el debate parlamentario. No es a los tiros ni a las apretadas que funciona el sistema. Tampoco a los piedrazos e incendiando todo esperando el derrumbe. Sobre todo, porque entre tanto, tres millones de almas cobran 7.000 pesos por mes.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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