Rosario, Viernes 21 Septiembre 2018
Jueves, 26 Abril 2018

Lo esencial, ¿invisible a ciertos ojos?

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Semana complicada. El gobierno oscila entre la incredulidad y la molestia cuando analiza el reclamo por los aumentos de las tarifas y la "casi" sesión en Diputados por el mismo tema.

"Si me das a elegir, quiero que todas las crisis que vengan hasta el fin del mandato sean así. Mucha pirotecnia pero fácilmente superable". Es casi fin de semana, los ministros con sus asesores explican ante el Poder Ejecutivo y su mesa chica, los ojos y los oídos presidenciales, "la marcha" de la gestión como una vez al mes les corresponde por cronograma oficial y uno de esos referentes luce tranquilo, toma un té verde y ratifica: "La calle fue mucha más tranquila de lo que los periodistas contaron, Lilita golpeó la mesa pero salió conforme y con los radicales, que sí fue grave, bailamos el vals de la concordia alrededor de la estatua de Alfonsín que inauguramos en La Plata". El gobierno cree que el episodio "crisis del gas" está superado.

La gestión Macri oscila entre la incredulidad y la molestia cuando analiza la semana política que tuvo su clímax con el reclamo por el aumento del gas, la casi sesión en Diputados para frenarlo y el anuncio de un plan de pago en cuotas con intereses de las boletas de un servicio público esencial. Cambiemos sostiene que la magnificación de la protesta en la agenda de los medios masivos no se respaldó en un correlato concreto de reclamos con boletas en mano que demostraron la imposibilidad de pago del servicio. "¿Vos viste esos montos que los periodistas dicen en la tele?", le retrucó un secretario de Estado a uno de sus mejores amigos en un asado post partido de fútbol, que juegan desde que egresaron de la escuela secundaria. Así lo preguntan.

Esa incredulidad deriva en la molestia. A priori, con todos. Con quien se hable, se invoca a diestra y siniestra el "¿tienen idea el nivel de destrozo en los servicios que nos dejó de herencia el kirchnerismo?". Esto lo braman de movida, literalmente, recurriendo al manido sonsonete de la herencia. Y luego, el educado pero ostensible enojo es con sus aliados radicales y Carrió que, explicó el mismo funcionario, fue sobreactuado. "Se asustaron con el casi quorom de Diputados y con algunas cacerolas porteñas", insiste el funcionario que toma té verde. "Carrió es Carrió y sólo la sabe entender y comprender el presidente. Pero sigue con los dos pies adentro del plato. Los radicales arrastran ese tema de no encontrar el lugar dentro de la coalición, de apoyo y crítica, y corcovean cada tanto", agrega el hombre del partido amarillo. El abrazo del presidente boina blanca Cornejo con Peña y Vidal dio por rubricado el armisticio en base al plan de pago del gas ideado por el gobernador de Mendoza.

Hasta aquí lo que se dice en los pasillos gubernamentales. No se entiende la magnitud del enojo. Visto como mero cronista impacta este gesto de "no entender" oficial porque el propio accionar oficial lo asume. Si no existiese este nuevo tarifazo excesivo que el Ejecutivo niega, no se hubiese aceptado un plan de pagos para afrontarlo. No se financia lo pagable. Decidido así, se concreta una triste metáfora doble. Un ciudadano con el privilegio (sic) de tener un trabajo y no ser habitante de la franja de los casi excluidos tendrá que pagar la boleta del gas en cuotas. Las financiaciones suelen ser para los bienes durables. Hay poco registro de que se use para un servicio corriente. Y, como si esto fuera poco, el Estado que lo piensa lo hace con cobro de intereses cual comercio de los viejos del Monte Pío o de los usureros de la historia.

Volvamos a lo que se cree en los despachos del poder. Cambiemos cree que los aumentos tupidos de luz, gas, agua y transporte son un enorme trago amargo que la mayoría de la sociedad ha aceptado explícitamente. Para eso esgrimen el doble triunfo electoral de 2015 y 2017 más, cómo no, las endiosadas encuestas oficiales. Según estas últimas, el presidente no sufrió merma en su apoyo personal y la gestión, en general, recuperó entre dos y tres puntos positivos. "Falta nada más que mayo", expresó nuestra fuente gubernamental. "Desde el 12 de junio, cada día 12 las noticias van a ser mejores", agregó. Entre el 12 y el 14 de cada mes, el Indec difunde el índice de inflación. Mayo, creen en el gobierno, será el último de las malas noticias. "Junio tenderá hacia el uno y poco y luego siempre hacia abajo", explicó el hombre con despacho en Balcarce 50 y en Olivos. ¿Y los nuevos aumentos de luz y agua? ¿Y el transporte y los combustibles que se traslada inmediatamente a precios? "¿Vos te fijaste cómo creció la venta de autos, motos y cemento?", es la respuesta. ¿Y la caída del consumo de bienes masivos?, es la repregunta. "Si me lo decís por supermercados, hay que desagregar los nuevos métodos de compra", cierra el intercambio sobre el tema.

El panorama diagnosticado desde el poder oscila, como se dijo, entre la incredulidad y la molestia. Los ojos del gobierno ven distinto lo que la oposición no es capaz de articular en un bloque sensato y lo que una parte de la sociedad, incluso votante de Cambiemos, expresa con un "basta de aumentos". Los diputados, senadores y dirigentes que debería ofrecen un contrapeso democrático mezcla los impresentables cacareos sin beneficio de inventario de los que gestionaron en forma horrible por 12 años y el "principismo" sin efecto práctico de algunos otros que adoran escuchar sus voces aunque no concreten nada. Eso, es hora de decirlo, fortalece a Macri que, de movida, adora escuchar solo a los propios y se justifica que entre los ajenos no aparece nada serio. Si a eso se le agregan las repetidas palmadas de los organismos internacionales de crédito, y los saludos de los líderes de otros países que ven en Macri un paraíso para sus intereses ante el desierto del desprecio K, la visión oficial distingue como esencial lo que les gusta ver.

La cuestión de fondo es saber si los cristales que se usan para diagnosticar la realidad permiten distinguir para el ciudadano de a pie si tener que pagar en tres parcelas (con intereses) una factura de gas de invierno es otro tropiezo como el de diciembre y los jubilados, o resulta la mera queja urbana de la clase media que se resiste a obtener beneficios a costa de un esfuerzo propio. Como siempre, aún con los signos objetivos del presente, el futuro lo dirá cobrando o pagándolo de una sola vez. Sin cuotas.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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