Rosario, Viernes 21 Septiembre 2018
Miércoles, 09 Mayo 2018

Cuando pase el temblor

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De un tiempo a esta parte, cada semana que pasa es la peor para el gobierno.

De un tiempo a esta parte, cada semana que pasa es la peor para el gobierno.

Como una victoria pírrica, de esas que alivian el momento, pero complican el mediano plazo, puede ser tomado el descenso de la cotización del dólar, cuando muchos pensaban que no sería el aire acondicionado el que estaría en 24, sino el valor de la influyente moneda norteamericana.

Los expertos en economía aseguran, casi sin fisuras, que bajar la cotización con las tasas al 40 por ciento es comprarse un problema en lo inmediato. ¿Por qué? A partir de esta situación no es ni será en lo inmediato un buen momento para contraer obligaciones derivadas del crédito ni para invertir de forma productiva. Tampoco para fomentar ni aprovechar el turismo, comprar una propiedad o intentar acceder a productos importados. Ese 40 por ciento se parece demasiado a un "viva la timba".

La economía y la política se mixturan por estas horas. El gran dato, lo que saca la diferencia a la hora del análisis, tiene que ver con la pérdida de credibilidad y liderazgo de parte del gobierno. Y eso puede resultar un subtexto de una situación de trazo más grueso: la caída de las expectativas.

Se escribió hasta el hartazgo en esta columna desde hace no menos de un año que la mala práctica económica —empeorada desde que Nicolás Dujovne reemplazó a Alfonso Prat Gay— fue galvanizada por el éxito del plan político de Cambiemos. Ese plan no fue otro que gastar los motores acelerando la puesta en práctica de "la grieta", un negocio político que Macri cobró entero por ventanilla el 22 de octubre de 2017.

Pero, como decía Julio Grondona, todo pasa. Las sociedades no viven de forma permanente confrontando con enemigos políticos que pierden capacidad de estar a la altura del conflicto. El problema, ahora, para una franja de votantes macristas no es el regreso del kirchnerismo, sino cómo poder pagar sus facturas de luz, agua y gas, cuestiones mucho más terrenales y empíricas.

Hay un escenario ciertamente inédito: el gobierno no chocó la calesita como consecuencia de una ofensiva política opositora ni tenía y tiene en la vereda de enfrente a feroces agentes del mercado dispuestos a hacer tronar el escarmiento. Nada de eso. La oposición peronista está repleta de "opositores racionales" que le ayudaron a Macri a sobrellevar bastante bien la minoría parlamentaria. ¿O no, Pichetto?

Deberían hacerle escuchar a Macri la canción "Presente", de los legendarios Vox Dei. "Lo que hoy empecé, no será eterno", se turnaban para entonar Ricardo Soulé y Willy Quiroga. El peronismo observa hoy que no puede seguir igual que ayer, al margen de que no aparezca ningún liderazgo en condiciones de preocupar severamente a Cambiemos, pese a la caída de Macri en todas, absolutamente todas, las encuestas.

La suba del dólar, los tarifazos, los brotes inflacionarios, la tasa al 40 por ciento parecen condimentos de una tormenta perfecta. Que, en lo político, se mixtura con las internas del gabinete, la anunciada salida de Emilio Monzó y la omnipotente presencia de Marcos Peña como jefe de todos los jefes.

Cuando pase el temblor económico, el presidente de la Nación deberá mover el mantel de la mesa oficialista que se concentra en el gabinete. Casi al unísono, le reclaman a Macri un ministro de Economía a la usanza clásica y no este laberinto repleto de funcionarios de baja estela compartiendo responsabilidad, como Dujovne y Pancho Cabrera, entre otros.

Pero, los que crean que eso es lo que vendrá a partir del fracaso del actual elenco, se equivocan. El presidente se considera el único director técnico del equipo. No hay lugar para un Carlos Bianchi, un Diego Maradona o un Juan Román Riquelme. Trofeos más, trofeos menos, bastante mal la pasó en la intimidad durante esos campeonatos de egos en Boca Juniors.

Y si no, que expliquen estas cuestiones Carlitos Melconian, Alfonso Prat Gay o Emilio Monzó. El único ego remixado que Macri se banca es el de Elisa Carrió. No por amor, sino por conveniencia. Se sabe: Cambiemos aguanta hasta que Lilita diga "nos vamos".

Pero a esas cuestiones repletas de vanidades se volverá en otro momento. Hoy aprieta la coyuntura como un zapato que no da el talle. Y Macri no quiere dar el brazo a torcer. Aunque Dujovne huela a cala, según dicen los fondistas de la city, el jefe del Estado le dijo: "Nico, no des bola a lo que dicen, no leas los diarios. Yo te banco". Y ahí está Dujovne. Y ahí está Toto Caputo. Con un mazo dando, y a Dios rogando.

Por lo pronto, la política santafesina se paralizó. Todos necesitan ver y saber cómo terminará la historia de la corrida, los tarifazos, la inflación. Y todo lo demás también. La realidad nacional tendrá directa incidencia a la hora de extender la campaña proselitista en la provincia. Los más expectantes son los radicales que siguen atendiendo desde los dos lados del mostrador.

Cambiemos suspendió una conferencia de prensa que tenía programada por estos días para dar por finalizada la historia alrededor de la reforma constitucional. No son horas, canta Andrés Calamaro.

Como si al país le faltare algún condimento, apareció por los sets televisivos Domingo Cavallo, un ícono casi perfecto que trae, como un déja vú, los peores recuerdos del 2001. Afortunadamente, no parece haber espacio para otro momento como aquel. Y, además, no hay a mano ningún Eduardo Duhalde conjetural. Tampoco el peronismo es el que era entonces: hoy, no gobierna ninguna provincia grande, capaz de dar vuelta la taba.

Toda la responsabilidad (por lo malo que viene haciendo en materia económica, pero también por los errores que puede corregir) es del gobierno nacional. No tiene a quién echarle la culpa. Siempre parece tratarse de fuego amigo, aun con los autores intelectuales y ejecutores de la última corrida bancaria. Y esa sí es toda una rareza histórica en el país.

Como tantas veces, hay un lunes que puede ser maldito o la primera puerta de salida de una crisis. Ojalá, mañana, se imponga con toda lógica la segunda opción. Lo que necesitan los argentinos es que la realidad —y los gobiernos— los dejen en paz.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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