Rosario, Sábado 17 Noviembre 2018
Lunes, 03 Septiembre 2018

La cotización del futuro

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Cambios. El presidente analiza qué rumbo seguir en estos tiempos de crisis. Dentro del macrismo comienzan a advertirse voces disidentes. La economía es la que complica al gobierno

El presidente de la Nación nunca puso en duda la continuidad de su gabinete. Mucho menos barajó prescindir de Marcos Peña. Los que lo frecuentaron cuando el dólar rozaba los 42 pesos, el momento de mayor angustia y tensión en la casa Rosada, comentan que ni las sugerencias –muy pero muy sutiles- de los jefes de gobierno Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal lo hicieron ingresar en el terreno de las dudas. Mauricio Macri está convencido de que lo que le devuelve la realidad es una injusticia ajena a su obrar sobreactuada por los que no entienden lo que significa haberse sentado en el sillón de Rivadavia en diciembre de 2015. El infierno, para el primer mandatario, es solo ajeno.

La crisis económica que transita Cambiemos es directamente proporcional a su modo de ejercer la política. Los "no hay plan b", "éste es el único camino" y "es esto o Venezuela" lo encerraron en la autodestrucción de caminos intermedios. El aislamiento, otra vez político, al que se sometió el PRO considerando que todo diálogo con los opositores (y hasta los propios que disintieran) es un gesto de debilidad hace más estruendosa la coyuntura dificilísima que se atraviesa. Desde el Ministerio del Interior se tiraron lazos en la semana hacia sectores del peronismo no kirchnerista para auscultar los ánimos y la respuesta fue "¿en medio de la tormenta levantan el teléfono?". El PJ no sabe vivir fuera del poder y, ante la duda, tiene el talonario de facturas siempre preparado.

Baste un solo ejemplo del modo oficial al accionar la cosa pública. El mensaje de Macri anunciando que se iban a pedir adelantos del acuerdo con el FMI se decidió entre él mismo y su jefe de gabinete. Algunos asesores sugirieron que era tarea del ministro Dujovne. No hubo forma. El resultado de esa obcecación fue que a la media hora del minuto cuarenta de un mensaje híbrido, jamás pensado para la ciudadanía, el dólar trepara más de 8 pesos en segundos. Allí reside otro de los problemas, de vuelta político. Ni Macri en su mensaje, ni Dujovne en sus apuradas respuestas en el umbral del Ministerio, ni Marcos Peña negando crisis, fracaso político o cambios usando lenguaje "anibalfernandezco", ni nadie, le habla al común de los habitantes que ve con angustia, miedo y bronca que las pizarras de las casa de cambio son otra vez de consulta permanente.

Suele decirse que es un buen termómetro de la situación social lo que pase en tierras de María Eugenia Vidal. La provincia de Buenos Aires concentra, números redondos, la mitad de la población argentina, con la muestra más cabal de la desigualdad económica, el parate industrial y el humor insatisfecho de los golpeados por la crisis. Además, Vidal representa una cierta mirada distinta de la calle, por su extracción social y su formación personal. La gobernadora está muy preocupada. Se cuida bien de no disparar fuego amigo pero se atrevió esta semana a pedir que se morigerara la soberbia de los dirigentes. Teléfonos para el tridente Peña, Quintana y Lopetegui. La gobernadora estaba avocada a pensar diciembre. Aumentó la ayuda social y alimentaria en municipios "calientes" y le pidió al ministro de Salud que se ocupe de la provisión de medicamentos que fueron cortados en la cadena de distribución. Aunque sabe que no tendrá paritaria docente en todo el año (un verdadero fracaso que no registra casi antecedentes) había pensado sorprender a los maestros con ayudas salariales puenteando a los gremios. Diciembre se le adelantó a septiembre. En una de las sedes del Banco Provincia se reunió a principios de semana, antes del sacudón cambiario, con Carolina Stanley y le dijo que no hay margen para falta de ayuda social. Con el dólar a 38 y la corrida aún en curso, no hay ningún margen, le ratifica a los suyos.

El problema que enfrenta Mauricio Macri es mucho más de confianza política que de respuesta económica. Hacia afuera, la reacción ha sido obvia. No es la lira turca, ni la moneda del Brasil o el conservadurismo de Trump y la derecha europea. Eso, empuja. Pero el origen es propio. Y hacia adentro, ha calado fuerte la percepción de que ya no se trata de errores no forzados. En el Consejo de las Américas, uno de los ministros escuchó que los dirigentes industriales le dijera sin vueltas: "La crisis desnudó que este es el modelo. Es devaluar como modo de bajar el déficit a costa del consumo y el poder adquisitivo de la mayoría, verificando que ustedes siguen transfiriendo recursos a favor de los mismos de siempre. Hay chances de cambios en serio. Si ustedes lo hacen y dejan de quejarse de las críticas nuestras o del periodismo porque si alguien repite el debate presidencial entre Macri y Scioli, nosotros vamos a parecer tibios". El silencio ministerial fue estruendoso. La acción para demostrar que no es así, debe manifestarse concretamente. Allí radica otro problema. Poner en el sacrificio impositivo al campo, que estaría dispuesto a resistir hasta el punto de dejar de ser su mejor aliado.

Queda por saberse cómo va a reaccionar el conjunto de integrantes de la coalición gobernante. Salvo un par de tuits de voluntarismo cuasi místico, Elisa Carrió no ha ocupado la escena central. Un dolor personal por una pérdida familiar más el estado de salud que la ha llevado a consultar a un médico de apellido alemán muy frecuentado por la farándula, la tuvo alejada. Sin embargo, esta semana volvería al ruedo defendiendo al presidente y sólo a él. Algunos ven allí su despegue de la mesa chica de Macri. Los radicales siguen descentrados. Los más críticos, piensan en alternativas políticas y el cuadro orgánico repite reuniones tras reuniones para tomar una posición. Ernesto Sanz supo coordinar con más contundencia el paso del partido centenario. Hoy, el gobernador de Mendoza, formalmente a cargo propone mesura ante la crisis.

El problema central que se expone en una economía fuertemente devaluada, a la baja en todos los sectores productivos y con un crecimiento de la pobreza que la Universidad Católica estimará muy grave en las próximas horas, atenaza a la ciudadanía con la realidad de poder comprar menos y el desagradable fantasma de la historia repetida. Eso, para los más cercanos a Cambiemos. Los que siempre dijeron que algo así ocurriría van en péndulo entre los que desatan la furia verbal contra los que no escucharon sus predicciones y los que sueñan con dramatismos sin límites que los ubica en lugar cercano a lo miserable.

Del presidente, y sólo de él, depende volver a una instancia de normalidad para el recálculo. O es persistir en la ya probada ineficacia del único camino o de la aceptación de otra senda más generosa y humilde. Y de más futuro.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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