Rosario, Sábado 17 Noviembre 2018
Lunes, 22 Octubre 2018

El estorbo de la realidad

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Grieta intacta. La política argentina transita por el carril del fanatismo y las posiciones sobre lo que pasa, básicamente dos, se encerraron en la intolerancia y la acusación al otro.

A los fanáticos la realidad los estorba. Julio Bárbaro definió con precisión la reacción que tienen los dogmáticos frente a un hecho que no coincide con su fe. La política argentina transita por el carril del fanatismo. Las posiciones sobre lo que pasa, dos posiciones esencialmente, han decidido encerrarse en la intolerancia a la racionalidad y acusan al otro de enemigo, a priori, sin admitir el menor cotejo de un argumento a la luz de la realidad.

Esta semana, esta evidencia tuvo nombre de Hugo y Pablo Moyano. Los integrantes de la familia que maneja el sindicato de camioneros, el hijo en particular, fueron acusados de liderar una banda destinada a saquear al club Independiente a través de la venta ilegal de entradas, el comercio contra toda ley de lo que rodea a los espectáculos de futbol y varias otras cosas más. No compartir la idea del juicio a priori de culpabilidad de los Moyano convierte a quien así opina en kirchnerista destituyente. Pedir a los gritos la prisión del camionero y ascender hasta al padre es el catecismo del PRO de estos días.

¿Importa, de un lado, que hasta hace cinco minutos políticos los Moyano eran los niños mimados que comían milanesas caseras hechas por la primera dama en la residencia de Olivos, acostumbrados, de paso, a ese menú que conocieron en el departamento de avenida del Libertador, frente a Plaza Alemania aún antes de diciembre de 2015? Nada. ¿Importa, del otro lado, que Moyano era el enemigo número uno de la presidenta que fogoneaba el descrédito del ex aliado de su esposo? Nada. Porque la realidad estorba. El fanático, y para ser directos, los padres del macrismo y del cristinismo lo son, niegan la realidad como modo de concebir la construcción del poder.

Por eso, argumentar es de tibios y funcionales al enemigo. Al que sea. No hay la menor duda que el negocio del fútbol está pervertido de ilicitudes. El futbol en la Argentina es el muestrario didáctico y en miniatura de la decadencia de la dirigencia local. Claro que en Independiente hay mucho para ver en la reventa de entradas, en los "kioscos" de cuidacoches, reparto del producto ilegal que se les ocurra, de apretadores sindicales devenidos en manos útiles de la política y tanto más. ¿Y en el resto? ¿En el Boca Juniors del amigo presidencial Angelici o en el River que conversa con el gobierno no hay nada? ¿En Rosario Central o Newell's no hay nada?

Es falaz el argumento de que reclamando que en los otros pase algo lo que se hace es provocar que no suceda nada en ningún lado. No entender el contexto político de una Justicia que, dicho por el fiscal federal Federico Delgado y suscrito con cierta cobardía silenciosa por tantos otros, conoce mejor el calendario de las elecciones que los candidatos mismos, es una torpeza. Moyano es hoy, junto con la ex presidenta Fernández, la mayor oposición del gobierno. Que solo avance esta causa (que debe avanzar y rápido, provocando el juicio de demostración de culpabilidad y no quedándose en el procesamiento ad infinitum) es cuanto menos notorio. Si no, sospechoso.

El proceso judicial en sí es otra demostración metafórica de la Argentina. Nace porque un ex barra brava, delincuente confeso, se arrepiente. Las investigaciones de nuestro país son todas fruto de un arrepentido. De un ladrón que parece que le tiene miedo a la cárcel. Porque entendámoslo: los arrepentidos lo son por pavura a no ver la luz del sol. De contrición, pedido de disculpas y devolución de lo afanado, ni noticias. "Bebote" Alvarez, un sicario del que más dinero le pusiera, dice que Pablo Moyano, como vocal del club Independiente, orquestaba la banda de latrocinio. ¿Y el resto de los dirigentes del club? ¿No se daban cuenta? Si hasta una locuaz y mediática especialista en seguridad que trabajaba en el club estaba allí, como parte de su carrera que hoy la llevó a ser asesora de la Ministra de Seguridad. A ella y muchos otros, nada.

Los Moyano supieron esquivar las investigaciones en sus gremios y club con una habilidad que les dio ser aliados de turno de algunos gobiernos. Por eso, es extraño que esos mismos aliados ahora descubran la pólvora de lo hecho mal. Ahora.

Jaime Durán Barba, asesor presidencial con carnet de gurú indiscutido, estuvo hace pocas horas con un centenar de dirigentes del PRO en un edificio del municipio que maneja el primo presidencial Jorge Macri. Además de advertir que las elecciones del 2019 pueden ganarlas el PRO (la obsesión por las encuestas es casi patológica) el mensaje que se transmitió es reparar el fanatismo por sobre la realidad. Según el ecuatoriano, hay instalado un clima que permite esquivar el momento económico basándose en el odio que no admite prueba en contrario por sobre el kirchnerismo. Según las tres consultoras privadas más conocidas de la City porteña (sus tres directores se confesaron votantes de Macri), el gobierno de Cambiemos terminará con índice iguales o peores que el ciclo que culminó en 2015. Pobreza, inflación y desocupación serán parecidos o peores para Macri respecto de Cristina. Cuando eso se planteó en el auditorio del gurú presidencial, se explicó que en los sondeos persiste la idea de que esos números no son reales porque el Indec había sido destruido con los K. La realidad, estorba.

Claro que Guillermo Moreno y lo que él representaba se llevaron puesto a un organismo que alguna vez fue ejemplo en el mundo. Claro que hubo que escuchar disparates como que en Canadá y Alemania había más pobres que en la Argentina. Lo que no se dice es que las comparaciones estadísticas no se hacen en base al Indec sino a las mismas consultoras que eran reputadas por el hoy presidente como serias.

Cuando Elisa Carrió, Patricia Bullrich o Eduardo Amadeo mostraban carteles en el Congreso diciendo que la inflación era del 30 por ciento y no el 15 como decía el gobierno, no imaginaban que esas mismas consultoras y el Indec recuperado dicen que el promedio de los 4 años de esta gestión empatará en dos cómodos dígitos lo vivido entre 2011 y 2015. Igual, o peor, con la pobreza y la desocupación.

Los asesores PRO aconsejan insistir en no entrar en estas particularidad. Coachean a sus dirigentes para que traigan el pasado, adjetiven la realidad antes que ponerle sustantivos. La realidad es un sustantivo primero. La opinión sobre ella, el adjetivo individual. Por eso, ni con Moyano, ni con la Justicia en los cuadernos, ni con casi nada es posible reconocer lo que pasa e intentar corregirlo. Porque no hay la intención de asumir los hechos. Estorban.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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