Rosario, Martes 18 Diciembre 2018
Lunes, 26 Noviembre 2018

El otro superclásico

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Claves. El dato más pulimentado del fracaso económico del gobierno es que Cristina Kirchner lidere todas las encuestas de intención de voto. Aunque eso sea visto como la única oportunidad electoral para Macri

El gobierno mantiene la gobernabilidad, pese a todo. Ese es el dato más saliente desde el punto de vista cualitativo, no sólo para Cambiemos, sino también para la sociedad. Hace tres meses, la cercanía de diciembre era visto como un gran tembladeral en ciernes. Hoy, aunque nunca hay que decir nunca, los debates pasan por otro lado. Y las miradas también.

¿Quiere decir que el gobierno ha salido de su zona de malaria, a la que ingresó en diciembre de 2017, tras aquella conferencia de prensa de Marcos Peña, Federico Sturzenegger, Nicolás Dujovne y Luis Caputo, en la que prometieron una inflación de 15% en 2018? No, ni por asomo. En verdad, el país ha ingresado técnicamente en recesión y ningún índice que tenga que ver con el metro cuadrado de la gente es positivo. Sólo hay flores negras. Nada de brotes verdes.

La pérdida del encanto, del nylon de lo nuevo, vuelve a poner en pantalla, una y otra vez, la misma estrategia de siempre. "No es que nosotros seamos buenos, es que los otros son peores", decía Perón para justificar los errores de su gobierno y pretender obtener vía libre a la hora de las ratificaciones electorales. "Si no nos votan a nosotros, vuelve Cristina", es la cita que escriben los macristas. Pero hay aquí una diferencia: la mayoría de las encuestas, por no decir todas, reflejan ahora que la ex presidenta está mejor que el ex rey del cambio.

Volver al pasado

Debe decirse con todas las letras: que Cristina Kirchner esté hoy al tope de las preferencias, que sea el radar por el que vuelve a moverse la política argentina, representa el fracaso empírico, pulimentado del gobierno de Mauricio Macri. Nadie podría concebir en diciembre de 2015 una situación como la actual.

Pero, a la vez, la vigencia de Cristina es lo que le da a Cambiemos algún tipo de acicate para plantear el futuro. Es muy posible que, a la hora de un ballottage, haya una mayoría que se incline por el no regreso del pasado, de la mujer que estresó a una buena parte de la sociedad con su estilo impulsivo y obsesivo de gobernar el país. Tal vez.

Es lo que no solamente cree Jaime Durán Barba, sino muchos referentes, incluso, de la centroizquierda argentina.

Lo dice hoy el economista de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) Claudio Lozano. "Cristina debería jugar de otra manera. Ella simbolizó en 2015 y en 2017 cuestiones que le otorgaron el triunfo a Macri", expone en una entrevista con La Capital. Sea como fuere, el silencio de la ex jefa del Estado se ha convertido, casi, en un movimiento estratégico de cara al cierre de listas.

Pero, cuidado con lo que deseas, que se puede hacer realidad, hay que decirle al gurú macrista. Ya en su momento, primero Néstor Kirchner y después Cristina, hicieron con Macri lo mismo que ahora el macrismo pretende hacer con ella: subirla todo el tiempo al ring, darle centralidad.

Hoy, la senadora mide no sólo muchísimo más que sus objetores peronistas (Miguel Pichetto, Juan Urtubey, Juan Schiaretti), sino que también mide mejor que Macri. El final de la historia será, en verdad, otra historia. Por eso, hoy abruman los rumores sobre el futuro de Macri y el futuro de Cristina. Desde que la ex mandataria no se subirá a una postulación, hasta que el jefe del Estado se bajará de su reelección, parando en todas. Los políticos de fuste, como los guerreros en la canción de Luis Alberto Spinetta, no detienen jamás su marcha.

Las mediciones que el gobierno ha dejado publicar a sus comunicadores preferidos indican que Macri tiene, apenas, una imagen positiva del 28%. Es coincidente con una encuesta que pidió el gobierno santafesino en Rosario: el 72% no lo aprueba. En un país normal, un presidente con estos valores ni siquiera pensaría en presentarse a la reelección, pero aquí podemos hacerlo. No es un dato menor, que la pretendida opositora de Cambiemos tiene un 60% de imagen negativa.

Si no hay mejoramientos pronunciados (que no los habrá por la cercanía del calendario electoral) es posible que Macri y Cristina se tiren con las muletas. Y otra vez se votará pensando en que no gane el otro, más que por la seducción del candidato propio. Pobre país.

La realidad cercana en el peronismo le ha dado una gran oportunidad a ciertas teorías que se venían esgrimiendo sobre el futuro del conglomerado opositor. Una vez que el PJ se unió, esta vez por la cuestión de la elección de consejeros de la Magistratura, a Cambiemos le explotó el tablero. La victoria peronista ha hecho crecer la indignación radical. Cree ver la dirigencia de la UCR que al gobierno no le importó negociar con los peronistas el cargo de consejero para Mario Negri. Tienen razón los radicales: a Rogelio Frigerio no le interesó en lo más mínimo. Lo que le moviliza la adrenalina al ministro del Interior es la negociación con el peronismo. Para él y Emilio Monzó hay futuro después de Cambiemos. En el peronismo. Es lo que les critica Marcos Peña.

El radicalismo cumple con el PRO la profecía autocumplida de Jorge Boasso. Tanto atacó el ex concejal a sus correligionarios locales por acordar con el socialismo (hasta llamarlos "damas de compañía" y "furgón de cola") que ahora él, que está en alianza con el PRO, ve cómo se repite la historia. Al menos el radicalismo santafesino pone al vicegobernador. Para la vicepresidencia de Macri no suena ni un solo nombre radical.

Por estos andariveles transita la política argentina, en un contexto de malas noticias económicas y absoluta frialdad popular por el derrotero electoral.

¿Lo que viene será mejor? No hay ningún dato que obligue a asegurar que sí. Ninguno.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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